La Comisión Federal de Competencia y la carabina de Ambrosio


Pablo Hiriart
Uso de razón

La Comisión Federal de Competencia (Cofeco) dice que los mexicanos pagamos seis mil millones de dólares de más en telefonía celular y fija por el sobreprecio que cobra Telcel en las tarifas de interconexión. ¿Y? ¿Eso es todo?

La Cofeco se limita a enunciar el hecho, pero no toma medida alguna. Tiene facultades para investigar prácticas monopólicas y sancionar en consecuencia.

En otras palabras, al sobre precio que pagamos por las tarifas de interconexión hay que sumar otra cantidad de dinero gastado inútilmente: el presupuesto de la Cofeco, que no sirve para los fines que le encomienda la ley.

No estamos únicamente ante un problema entre dos televisoras y Carlos Slim, sino que rebasa ese ámbito y se instala en el terreno de los usuarios, también llamados consumidores.

Pagamos tarifas telefónicas muy por encima del resto de los países de la OCDE, lo que afecta los bolsillos del ciudadano y la competitividad de las empresas.

Algunos colegas han llevado este debate a la conjetura de que Televisa y TV Azteca (donde tengo dos programas) quieren cerrarle el paso a Carlos Slim para la formación de una tercera cadena que compita con ellas.

Viva la competencia. Que venga no una, sino dos o cinco cadenas más o las que el mercado tolere.

La competencia es buena para los usuarios y para nuestro gremio, el de los comunicadores. La única limitante debe ser la ley. Que la inversión provenga de capital mayoritariamente mexicano y que los aspirantes no tengan prohibido dar ese servicio.

Telmex puede tener unos estudios de televisión maravillosos, pero si su título de concesión le impide incursionar en ese campo específico, no puede darlo y punto.

Si el problema es que sólo hay dos cadenas, que haya más (como de hecho las hay), pero que los títulos sean entregados en el orden de la ley, y no por la voluntad de una persona que tiene el dinero sobre la mesa.

Discrepo de los colegas que afirman que el poder de las televisoras le ha doblado la mano al gobierno para impedir la existencia de una tercera cadena.

No concuerdo con los comunicadores que ponen a Carlos Slim y al Estado mexicano como víctimas del poder de Azteca y Televisa.

Slim es más poderoso que las dos televisoras juntas.

Y el punto no es ése. El punto está en las tarifas de interconexión que, según las autoridades, nos generan una sangría adicional de dinero que oscila cerca de los seis mil millones de pesos anuales.

Y el punto está en que la autoridad no es capaz de centrar el problema y resolverlo de acuerdo con las facultades que le asigna la ley.

Este artículo fue publicado en La Razón el 2 de marzo de 2011, agradecemos al autor su autorización para publicarlo en nuestra página web.

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Acerca de juliomoa

Tres décadas dedicado al ejercicio del periodismo.
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