Slim: El burro hablando de orejas


Ricardo Alemán

La batalla que desató el hombre más rico del mundo contra las televisoras –Televisa y Azteca –, ha escalado a niveles impensables.
Hace unas horas Slim se aventó la puntada de demandar ante la CFC a las empresas de Emilio Azcárraga y Ricardo Salinas de supuestos monopolios de la televisión.
Resulta simpático el camino que ha seguido Slim y sus genios de la mercadotecnia, sobre todo porque el magnate no sólo muestra que es bueno para hacer dinero, sino también muy malo para su trato con la sociedad mexicana.
¿Por qué?
Porque Slim en su soberbia de potentado, nunca se percata que al acusar a sus adversarios empresariales de monopolistas de la televisión, no sólo “escupe para arriba”, sino que se convierte en el personaje central del refranero popular; el burro que habla de orejas.
Y en efecto, Slim y su cuasi monopolio de la telefonía ahora se queja de las televisoras, a las que acusa de monopolistas.
Pero lo más grave es que Slim ofende la inteligencia, el sentido común y la percepción de amplios sectores de la sociedad mexicana.
Cuando grita “¡Al lobo, al lobo!” ya no asusta a nadie. O si se quiere, asusta sólo a los incautos.
Y es que la acusación a Televisa y Azteca de monopolistas, es lo más parecido a un ardid engañabobos.
Todos saben que Slim se ha convertido en el hombre más rico del mundo gracias a un jugoso negocio que sin saber bien a bien en qué condiciones, le entregó su amigo Carlos Salinas.
Nos referimos claro, a Teléfonos de México, la otrora poderosa empresa estatal de telefonía y que luego de un proceso de debilitamiento y desgaste deliberados fue considerada una carga y entregada a un grupo privado, el de Carlos Slim.
Slim se ha enriquecido a niveles fabulosos, en buena medida, por lo rentable de la empresa que le entregó el estado mexicano y el gobierno de Salinas.
Está claro que nadie duda de las habilidades empresariales y financieras de Slim; de sus capacidades, de “Rey Midas”.
Sin embargo, tampoco hay duda de que la fortuna que ha amasado en buena medida es producto de las elevadas utilidades de uno de los negocios más rentables del mundo; la telefonía en particular, las telecomunicaciones en general.
Y precisamente ahí está el meollo del asunto. Es decir, que a partir de una concesión pública, para otorgar un servicio público –como el de la telefonía –, Slim prácticamente tiene el control mayoritario de la infraestructura telefónica del país.
Eso lo convierte en el hombre que da y quita, que pone o retira, que decide en materia de telefonía.
Toda otra empresa que quiera competir con Slim, debe utilizar “los fierros” de Telmex para la llamada interconexión.
Y Slim cobra por minuto de interconexión 95 centavos, cuando la autoridad mexicana ha tasado ese cobro en 45 centavos.
Slim se lleva a la bolsa los 45 centavos de los millones de minutos-llamada que se hacen en México, lo cual lo convierte en el mayor monopolista de la telefonía en México.
Las empresas de televisión, Televisa y Azteca, entre otras, que quieren participar en la industria telefónica, han reclamado el abatimiento de los costos, para poder competir.
Se debe aclarar que a cualquier otra telefónica el minuto de interconexión le cuesta 95 centavos, mientras que a Slim no le cuesta nada, ya que es dueño “de los fierros” de la interconexión.
Como queda claro, la guerra por la telefonía es de absoluta inequidad, además de que el grupo Carso, poderosos consorcio de Slim, es por lo menos doce veces más grande que todas las televisoras privadas mexicanas.
De ese tamaño es lo desigual de la pelea.
En sentido contrario, Slim lloriquea porque el Estado mexicano no le otorga una concesión para televisión, sea abierta o restringida.
En efecto, las televisoras han presionado para impedir que el magnate de la telefonía les arrebate su negocio; el de la televisión.
¿Cuál es el argumento de las televisoras?
Es un argumento básico, que exista equidad y competencia.
¿Y eso qué quiere decir?
Así como Slim lloriquea por una red nacional de televisión, los dueños de Televisa y Azteca lloriquean por una competencia equitativa en la telefonía.
Es decir, dicen algo como lo siguiente.
Sí, que Slim entre a la televisión, peor que todos los concesionarios de televisión puedan entrar a la telefonía en condiciones de equidad.
Y claro, eso no le gusta a Slim.
¿Por qué?
Porque no quiere soltar su monopolio, el que le ha permitido ser el hombre más rico del mundo.
Por último, la pregunta fundamental.
¿Por qué Carlos Slim quiere incursionar en la televisión, si su verdadero negocio, más rentable que la televisión y que cualquier otro negocio del mundo, es el de la telefonía?
La respuesta es aún más elemental. Porque Slim puede tener mucho dinero, pero no tiene el poder político.
El poder político lo tienen las televisoras.
Un ejemplo final.
En 2012, los candidatos presidenciales podrán tener mucho dinero proveniente de las arcas de Slim, pero ninguno podrá ganar si no tiene televisión. ¡Qué tal! Ese es el corazón de la pelea.

Ver original aquí

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Acerca de juliomoa

Tres décadas dedicado al ejercicio del periodismo.
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