Acusan a La Jornada de rendirse ante la “presidencia legítima”


El diario La Jornada, identificado como un medio de izquierda desde su nacimiento en 1984 se ha puesto en el ojo del huracán, o mejor dicho, en el remolino de las redes sociales tras una presunta censura hacia uno de sus colaboradores más añejos.

En Twitter, uno de los temas más comentados es el nombre de Marco Rascón, luego de que su columna semanal llegara a su fin por diferencias ocasionadas con la línea editorial del periódico, que a decir del ex columnista, se ha ceñido a las directrices y deseos del movimiento liderado por Andrés Manuel López Obrador, lo que equivaldría desde eliminar sistemáticamente aquellas plumas que no sean afines a la llamada ‘presidencia legítima’, hasta atacar y descalificar a otras organizaciones como la del poeta Javier Sicilia.

Así lo explica el mismo Marco Rascón en su sitio, donde aparte de exponer las causas que él considera llevaron a La Jornada a dejarlo fuera de sus páginas, también incluye el último artículo de opinión que no llegó a la imprenta ni mucho menos a los kioskos.

“El lopezobradorismo, ha hecho ha pretendido dirigir al PRD desde La Jornada, levantando campañas de odio y sesgando la memoria y las responsabilidades.

“Ahora, hay elementos para pensar en un cerrar filas en La Jornada contra la crítica de izquierda y ceder la objetividad periodística a una campaña sectaria y divisionista que conduce desde ahora a una nueva derrota en 2012 como la organizada igual en el Estado de México. ¿Cómo hacer campaña dividiendo?

“Para despojarme de mi espacio de 23 años, se me provocó convocándome a la autocensura que no había sucedido en años y frente a temas aún más delicados. Creo que la decisión ya estaba tomada antes de escribir mi última colaboración y de ello no tengo duda.”

Por su parte, su artículo no publicado se enfoca en la campaña de descalificación hacia el movimiento encabezado por Javier Sicilia.

“La descalificación encabezada por John Ackerman y Octavio Rodríguez Araujo al MPJD y Sicilia, acusándolo de filopanista, falso demócrata y progresista, soberbio y distractor, no solo son delirantes, sino que delata la estrategia del inmovilismo lopezobradorista bajo el concepto de sólo-creo-en-él sustentado en la “fe y formado en la espiritualidad del amor al prójimo”, como dice el spot del cristianismo legítimo. Para ellos, mezclar lucha contra la violencia y reforma política, es maniobra de la mafia del poder, pues consideran que la violencia actual es complot para confundir al pueblo, de cuya representatividad ellos tienen el monopolio.

Para los intelectuales del lopezobradorismo, los muertos y desaparecidos de la violencia del país, no son políticamente correctos y por tanto, su reconocimiento y defensa significan una táctica distractora. Del delirio de Ackerman y Rodríguez Araujo, la aparición de Sicilia en la escena es un acto contra la causa verdadera y es un pecado, haber convertido su dolor en una causa ciudadana. Según su tesis, lo políticamente correcto es convertir el dolor en una dieta vitalicia.”

Marco Rascón fue activista, dirigente estudiantil y miembro de una guerrila urbana en los años 70. Ha escrito para diversos medios y se hizo de notoriedad pública tras la creación de la Asamblea de Barrios con colonos y afectados por el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, de donde surge su invención más popular: ‘Súper Barrio’.

En 1994 es electo como diputado y dos años más tarde comete un acto que será recordado por una singular protesta en pleno Informe de Gobierno de Ernesto Zedillo, al ponerse una máscara de cerdo en el Congreso.

El último artículo de Marco Rascón en La Jornada y que ya no fue publicado

México DF a 17 de agosto de 2011

Amigas y amigos:

Luego de 23 años de publicar periódicamente mis opiniones en La Jornada y haber sido colaborador e impulsor del proyecto editorial desde su nacimiento en 1984, ya no estaré más.

De aquel gran impulso intelectual, social, crítico y libertario, que le ha dado voz a los movimientos y expresiones democráticas a lo largo de más de 25 años en el país, La Jornada se ha ido cerrando ante la presión de quiénes la ven como instrumento para el desarrollo del sectarismo y sus intereses, pretendiendo desde sus páginas dirigir mediante información sesgada o presión, lo que por el contrario debía ser espacio abierto para la crítica y opinión de todas las expresiones progresistas y democráticas.

En mi caso, La Jornada cedió finalmente a la presión del lopezobradorismo que desde hace años ha sostenido hacia dentro de la política editorial, la campaña y boicots contra quiénes expresen posiciones críticas u opiniones que sean consideradas no correctas hacia esa corriente. Prueba de ello, son la publicación sistemática de insultos encubiertos en “opiniones ciudadanas” contra colaboradores y redactores, organizadas desde dentro del mismo periódico, como la organizada por Jaime Avilés de manera permanente y desde hace años. http://lahoradelpueblo.blogspot.com/2006/08/boicot-marco-rascon.htmle.

Ante el pedido de muchos que me han solicitado las causas de la desaparición de mis colaboraciones de los martes, les informo que primero fui avisado que “por razones de reestructuración” solo sería publicado cada 14 días. Esto fue el primer aviso en el cambio de la política editorial de La Jornada ante el proceso del 2012 y que pese a las presiones, La Jornada resistía la presencia de varios colaboradores considerados no gratos. Esw por ello, que esta decisión no es solo contra mí, sino contra todo proceso o protagonista que tenga una posición distinta o no comulgue con las posiciones del lopezobradorismo.

Hoy, que se puede criticar a la presidencia de la república con toda libertad desde cualesquier posición política, resulta que desde no se puede criticar al lopezobradorismo y su “presidencia legítima”. Es ridículo que habiendo luchado durante años contra el presidencialismo, hoy en los espacios de comunicación de la izquierda, el hacerlo sea motivo de escarnio, persecución y censura. Son muchos, redactores y colaboradores que han padecido y fueron expulsados de las páginas del diario por criticar no solo acciones y exabruptos del lopezobradorismo, sino por criticar a personajes cercanos a él como fue mi caso.

Prueba de ello, la campaña desde la sección editorial contra el movimiento surgido a partir del asesinato del hijo de Javier Sicilia y el surgimiento de un nuevo movimiento, al que tras intentar cooptarlo y no lograrlo, lo han pretendido definir como un movimiento de la derecha y atacarlo con toda saña.

Frente a esas opiniones expresadas en la sección de Opinión de La Jornada y luego de esperar pacientemente los rigurosos 14 días que se me impusieron, escribí la crítica a otras opiniones, coincidiendo incluso con la de Luis Hernández Navarro, que en este caso ha sido juez y parte en el debate y la imposición de su criterio para no publicar mi colaboración. Le pedí que los intelectuales del lopezobradorismo a los cuales me referí, me respondieran ellos haciendo uso de su derecho de réplica a lo cual Hernández Navarro, me respondió que decirles “intelectuales del lopezobradorismo” era un insulto impublicable cuando considero que para ellos, es un honor estar con Obrador.

Dejo al criterio de los lectores la opinión sobre lo que es insulto o debate, sin reclamar o tomar en cuenta los criterios que utilizan los lopezobradoristas, mayoritariamente desde el anonimato, para insultar sin dar razones. Ojalá que esto sirviera para reflexionar y no permitir seguir rebajando el periodismo como se ha hecho en La Jornada.

Por eso, de ser invisible, hoy mis opiniones fueron consideradas “insultos a otros colaboradores” y por lo tanto me señalaron que de “no corregir” mi propio artículo, en función del criterio del coordinador editorial de la sección Opinión este no se publicaría. ¿Qué debo de decir y como decirlo? ¿Quién califica y bajo qué criterio?

Como no se me han hecho llegar, cuales son los nuevos criterios para publicar mis colaboraciones y en el entendido de que estás pueden estar o no discrecionalmente a la opinión de un censor que te exige autocensura o no publicación como “su última palabra”, se me imposibilita por decoro y dignidad continuar publicando con libertad antes ejercida en las páginas de La Jornada. En este caso sí triunfaron, lo que fue una larga campaña para silenciar mi espacio intolerable para el lopezobradorismo y los defensores de la intolerancia en La Jornada.

Anexo lo que fuera mi última entrega del 8 de agosto y que no fue publicada ni el 9 ni el 16 como espere.

Finalmente, reclame a Luis Hernández Navarro y no hubo respuesta, aunque entendí y le expresé que en la entrevista a Andrés Manuel López Obrador en primera plana del 15 de agosto, se perfila lo que ha sido y será la cesión de La Jornada al lopezobradorismo en su tarea de dividir y manipular, falseando la historia de sus actos, como su intención de crear confusión y división. El lopezobradorismo, ha hecho ha pretendido dirigir al PRD desde La Jornada, levantando campañas de odio y sesgando la memoria y las responsabilidades.

De alguna manera, mi última colaboración era una respuesta anticipada a lo declarado en esa entrevista y una explicación sobre la raíz del inmovilismo, las campañas de odio y mentiras hacia todo aquello que se considere un obstáculo a sus intereses, contaminando los procesos internos y calificando de traición a lo que fue su propia obra como la imposición de él de Leonel Cota como dirigente del PRD en 2006. Ahora, hay elementos para pensar en un cerrar filas en La Jornada contra la critica de izquierda y ceder la objetividad periodística a una campaña sectaria y divisionista que conduce desde ahora a una nueva derrota en 2012 como la organizada igual en el Estado de México. ¿Cómo hacer campaña dividiendo?

Para despojarme de mi espacio de 23 años, se me provoco convocándome a la autocensura que no había sucedido en años y frente a temas aún más delicados. Creo que la decisión ya estaba tomada antes de escribir mi última colaboración y de ello no tengo duda.

La Jornada no es de nadie sino de un largo proceso democrático a favor de las causas progresistas de los mexicanos. Ratifico mi respeto a La Jornada como proyecto de crítica y voz. A todos los amigos y amigas de La Jornada con los cuales he compartido momentos, convicciones e historias, mi amistad, agradecimiento y reconocimiento en esta larga noche no solo de La Jornada, sino de la izquierda mexicana.

A todos mis lectores, pongo a su consideración mi última entrega y mi disposición a continuar ejerciendo la crítica.

Marco Rascón

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