Debate en libertad


Enrique Krauze

La Suprema Corte de Justicia de México ha emitido una sentencia de gran importancia para nuestra vida democrática. Las partes en conflicto fueron el periódico La Jornada, dirigido por Carmen Lira, y la revista que dirijo, Letras Libres. Si bien la resolución de la Corte ha favorecido a Letras Libres, para nosotros no ha habido vencedores ni vencidos: ha triunfado la libertad de expresión.

La materia del litigio (que llevó más de siete años en los tribunales) fue un comentario titulado “Cómplices del terror”. El texto, publicado en Letras Libres (marzo de 2004) y escrito por el entonces subdirector Fernando García Ramírez, denunciaba la editorialización positiva de La Jornada con la organización terrorista ETA.

Estos son los antecedentes. El 28 de enero de ese año, el juez Baltasar Garzón se había presentado en el Reclusorio Norte de la ciudad de México para asistir a la ampliación de la declaración en el proceso de extradición de seis detenidos vascos, acusados de pertenecer a la organización terrorista ETA. Ante la cobertura de esos hechos por La Jornada, Garzón publicó una carta en la que acusaba al diario “de manipulación informativa” y agregaba: “me preocupa que presenten como paladín de la libertad y de la dignidad restaurada a una organización terrorista que tantas muertes ha causado y que tanto dolor ha llevado y lleva a muchos hogares españoles y de otras nacionalidades” (La Jornada, 31 de enero de 2004).

Siete años atrás, el filósofo Fernando Savater se había quejado en términos similares de un reportaje sobre ETA publicado en La Jornada: “Es difícil encontrar una celebración más partidista y mendaz de un País Vasco afortunadamente imaginario y de un terrorismo desgraciadamente real que la realizada en estas páginas”. Savater encontraba que en ese reportaje “se vierten impunemente absurdas vilezas contra al menos dos de los asesinados por ETA, repitiendo los criterios de quienes instigaron tales crímenes como si tuvieran la mínima verosimilitud o legitimidad moral” (La Jornada Semanal, 13 de junio de 1997).

Aunado a estos hechos, a García Ramírez le llamó la atención la noticia aparecida en el diario español La Insignia (febrero de 2004) en el sentido de que el diario Gara -cercano a la organización Batasuna, brazo político de ETA- había firmado un acuerdo de colaboración con La Jornada. Se preguntó por qué, si La Jornada había dado a conocer los acuerdos firmados con The Independent y Le Monde, no hizo público su convenio con Gara. Esos y otros elementos (como el hecho de que Josetxo Zaldúa, coordinador general de Edición de La Jornada, tuviese dos procesos abiertos en España por terrorismo) le parecieron suficientes para escribir su artículo. El texto puede verse en el sitio de Letras Libres (www.letraslibres.com).

En agosto de 2004 La Jornada presentó una demanda penal por calumnia en contra de Fernando García Ramírez, y otra demanda civil por daño moral en contra de la casa editora de la revista Letras Libres. A partir de entonces, se sucedieron varias sentencias y amparos en cada una de las instancias judiciales. En enero de 2011, la Corte decidió atraer el caso. Al hacerlo, buscó sentar jurisprudencia sobre un tema inédito y trascendente: los límites a la libertad de expresión entre medios de comunicación.

En su sentencia (un documento de 115 páginas y 197 notas provenientes del propio juicio en sus instancias anteriores, fuentes bibliográficas, jurisprudencia nacional y extranjera, etc…), el ministro Zaldívar hizo una exposición sobre el sentido de la libertad de expresión en las sociedades democráticas y fundamentó “la posición preferencial” que esa libertad debe gozar en ellas. “El valor constitucional de una opinión -dice el texto- no depende de la conciencia de jueces y tribunales” sino de su “competencia con otras ideas” en lo que se ha denominado “el mercado de ideas”. Es esa competencia y el consecuente “debate de ideas” que ella genera lo que a la postre “conduce a la verdad y a la plenitud de la vida democrática”. El razonamiento concluye así:

El debate en temas de interés público debe ser desinhibido, robusto y abierto, pudiendo incluir ataques vehementes, cáusticos y desagradablemente mordaces sobre personajes públicos o, en general, ideas que puedan ser recibidas desfavorablemente por sus destinatarios y la opinión pública en general… Estas son las demandas de una sociedad plural, tolerante y abierta, sin la cual no existe una verdadera democracia.

A partir de estas premisas, y tras analizar párrafo por párrafo el comentario de García Ramírez, la sentencia lo inscribió dentro de un debate de ideas y posiciones ideológicas, y no como una imputación de terrorismo. “El uso de la hipérbole -añade el ministro- es un recurso frecuente entre los profesionales del periodismo” y para demostrarlo menciona algunas notas publicadas por La Jornada en las que se demuestra que ella misma ha utilizado con mucha frecuencia expresiones como la de “cómplice”.

Días antes y después de conocida la sentencia, La Jornada me llenó de injurias, descalificaciones y mentiras, asociándome a fuerzas antimexicanas y antipopulares. En contraste con estas reacciones, hace unas semanas escribí: “Cualquiera que sea el desenlace de este largo y penoso conflicto, sobra decir que la revista Letras Libres se allanará a la sentencia. Si gana, tenderá la mano a La Jornada para convivir en el espacio público en un marco de pluralidad y respeto. Si pierde, espera que La Jornada actúe en el mismo sentido”.

Con pocas esperanzas de verlo cumplido, hoy reitero mi ofrecimiento. Por siete años, mismos que duró el litigio, La Jornada sólo mencionó mi nombre para denostarme, incluso con artículos de evidente carga antisemita. Lo lamenté, pero no los demandé. Lo que ahora propongo es abrir un nuevo capítulo. No se trata de diluir nuestras diferencias, se trata de discutirlas públicamente con respeto mutuo y en la más absoluta libertad. Y que cada medio se haga cargo de la responsabilidad de servir al lector con transparencia y verdad.

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Acerca de juliomoa

Tres décadas dedicado al ejercicio del periodismo.
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