La Jornada vs. Letras Libres: El derecho a la crítica


Sociedad y Poder
Raúl Trejo Delarbre

La sentencia de la Suprema Corte que absolvió a la revista Letras Libres y al escritor Fernando García Ramírez defiende el derecho a la crítica y subraya que los medios de comunicación están inevitablemente expuestos al escrutinio de la sociedad.

Hace casi ocho años, el diario La Jornada presentó una demanda judicial para inconformarse con un artículo publicado en marzo de 2004. García Ramírez, a la sazón subdirector de Letras Libres, publicó en esa revista un breve cuan enjundioso texto para controvertir las simpatías de La Jornada con el grupo terrorista español ETA. García Ramírez cuestionaba el acuerdo de colaboración periodística que el diario mexicano había suscrito con el periódico vaco Gara, relacionado con ETA. Debido a las opiniones de La Jornada acerca de esa organización separatista, consideró que estaba “al servicio de un grupo de asesinos hipernacionalistas”.

La opinión de García Ramírez era muy drástica y suscitó la indignación de La Jornada. La demanda circuló de una instancia judicial a otra, casi en todas las ocasiones con resoluciones favorables a los demandados, hasta que fue atraída por la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia. Allí, el ministro Arturo Zaldívar presentó una resolución que exonera a la revista y a su colaborador y que el pasado miércoles 23 de noviembre fue aprobada por cuatro de los cinco integrantes de esa sala.

El razonamiento jurídico que condujo al ministro Zaldívar a considerar que La Jornada no sufrió merma en su honor ni fama pública se convierte en precedente para otros litigios relacionados con la libertad de expresión. El ministro encontró que el diferendo de fondo era “entre el derecho a la libre expresión de la revista Letras Libres y el derecho al honor del diario La Jornada”. Más adelante indica que en este caso hay “una relación simétrica entre dos medios de comunicación”.

El debate entre dos medios periodísticos, considera la sentencia, se desarrolla en un “mercado de ideas” en donde cada cual ofrece sus posturas: “El debate en temas de interés público debe ser desinhibido, robusto y abierto, pudiendo incluir ataques vehementes, cáusticos y desagradablemente mordaces sobre personajes públicos o, en general, ideas que puedan ser recibidas desfavorablemente por sus destinatarios y la opinión pública en general, de modo que no sólo se encuentran protegidas las ideas que son recibidas favorablemente o las que son vistas como inofensivas o indiferentes. Estas son las demandas de una sociedad plural, tolerante y abierta, sin la cual no existe una verdadera democracia”.

Al reconocer a la deliberación como necesaria en la democracia, la Corte va más allá del diferendo entre dos publicaciones. El debate público tiene que ser amparado por la justicia. Los medios de comunicación, al contar entre sus funciones el análisis y la crítica de los asuntos públicos, requieren de la mayor libertad. Pero de la misma manera que escudriñan todo tipo de asuntos y de personajes públicos, los medios también están sujetos al escrutinio y la crítica por parte del resto de la sociedad: “de lo contrario se estaría dotando a una persona, en este caso un medio de comunicación impreso, de un gran y equilibrado poder para criticar impunemente, opinando e informando sin ser sujeto del mismo escrutinio público que pregona, ejerce y cuya protección invoca”.

Más aún, abunda la sentencia, “uno de los mecanismos idóneos tendientes a promover el comportamiento ético de los medios de comunicación, es la crítica a los propios medios”. Para defenderse de cuestionamientos que se les formulen, los medios cuentan con sus propios espacios., subraya la Corte.

El proyecto del ministro Zaldívar se pudo conocer días antes. En vez de discutirlo y enfrentar con argumentos críticas como las de García Ramírez, La Jornada se dedicó a descalificar, incluso con denostaciones personales, a Letras Libres y al director de esa revista, Enrique Krauze.

De manera quizá involuntaria, pero sintomática, los editores de La Jornada manifestaron una intolerancia que confirmaba antiguas imputaciones como las que señaló García Ramírez. La rabieta de ese diario permitió recordar cuán necesaria es la reflexión acerca de los medios de comunicación.

A los medios por lo general no les gusta que sus comportamientos sean examinados y cuestionados. Pero no es admisible que fiscalicen a todo tipo de actores de la vida pública y que no sean, ellos mismos, destinatarios del examen crítico. La resolución de la Corte acredita y ampara la libertad de expresión y especialmente una de sus vertientes contemporáneas: la libertad para cuestionar a los medios de comunicación.

Ver original aquí

Anuncios

Acerca de juliomoa

Tres décadas dedicado al ejercicio del periodismo.
Esta entrada fue publicada en Libertad de expresión, Opinión, Periodismo y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s