El valor de un periódico

Revista Nexos

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En la última semana, tres de los iconos de la prensa escrita en Estados Unidos han cambiado de manos: The Boston Globe, Newsweek y The Washington Post. Los dos periódicos han sido adquiridos por magnates (John W. Henry y Jeff Bezos), mientras que la revista pasó a un grupo desconocido.
El primer anuncio fue el de The Boston Globe, que era propiedad de The New York Times. El Times se había hecho del Globe en 1993, en la última década de auge de los medios impresos, por la exorbitante cantidad de 1,100 millones de dólares. Su venta, anunciada a mediados de esta semana, fue por 70 millones de dólares. Es decir, por el 6 por ciento del pago original.
El comprador fue John W. Henry, el dueño de los Medias Rojas de Boston, un equipo profesional de béisbol y del Liverpool de la Liga Premier inglesa.
La propia redacción del Globe, incluyendo a Bob Ryan, el principal reportero de deportes, mostró su descontento ante la compra. Ryan se preocupó, con toda razón, del conflicto de interés al cubrir a los Medias Rojas de ahora en adelante. (En México ese conflicto de interés existe desde por lo menos hace 54 años, cuando Telesistema Mexicano adquirió al Club América; sin embargo, no parece que hubiera, ni que haya oposición vocal al conflicto dentro de las filas del grupo mediático).
Acto seguido vino la venta de Newsweek, la revista que alguna vez compitió con Time por ser el semanario de noticias más popular de Estados Unidos. La revista fue vendida por tercera vez a principios de agosto a una extraña compañía de nombre International Business Times (IBT).
Durante la mayor parte del siglo pasado, Newsweek fue propiedad de The Washington Post. En 2010, tras pérdidas pasmosas, fue comprada por un (1) dólar más deudas. Después de la compra se fusionó con The Daily Beast (un sitio de análisis de noticias), bajo la idea de “ser rescatada” y unirse con el proyecto en línea. El intento fracasó, y Newsweek dejó de imprimirse en Estados Unidos el 31 de diciembre de 2012. (En México y Latinoamérica todavía está disponible, aunque en tamaño panfleto) La portada de la última Newsweek, entre homenaje y queja, utilizó un hashtag en el encabezado.
El IBT, el nuevo dueño, es una compañía californiana que tiene un periódico en línea del mismo nombre, y que fue fundada por un economista de 30 años y un ingeniero en computación de 31. Sin embargo, varias fuentes apuntan a que la persona detrás de la compañía es en verdad David Jang, un pastor evangélico coreano que en más de una ocasión ha dicho que es la reencarnación de Jesucristo.
El último anuncio, y sin duda el más explosivo por el nombre del comprador, fue el de The Washington Post. Desde su creación en 1877, el Post siempre ha estado en manos de la misma compañía, y desde 1946, en manos de la misma familia, los Graham. (A Phil Graham, el director del Post durante dos décadas, se le atribuye la gran frase de que los periódicos son “el primer borrador de la historia”).
El Post, junto con el Globe y tal vez casi todos los periódicos en Estados Unidos, sangra dinero cada año (perdió 54 millones de dólares en 2012). Su redacción ha dejado ir a una gran cantidad de reporteros y editores en los últimos años. El dato más reciente dice que hoy en día tiene a 640 personas en su equipo editorial, mientras que en décadas pasadas llegó a tener a más de 1,000.
La compra del Post fue una sorpresa para el mundo de las noticias porque el hombre que adquirió al periódico (pero no al resto de la compañía, que incluye la revista Foreign Policy y el sitio Slate) es Jeff Bezos, el dueño de Amazon, la tienda en línea más grande del planeta. Bezos compró al Post con su propio dinero (gastó menos del 1 por ciento de su fortuna personal, según varios cálculos) y no a través de Amazon. El magnate, en una carta abierta al equipo del Post, ensalzó al periódico, dijo que propondría cambios (habló de “inventar” y “experimentar”), pero que no se metería en el manejo del día a día del periódico.
Esto en contraste con otro de los grandes dueños de medios de comunicación, el infame Rupert Murdoch, que, entre otras prácticas poco éticas, sabía de la intervención a teléfonos que hacía su tabloide News of the World.
Algo interesante de las últimas compras (en particular la del Globe y la del Post) es que los millonarios se están acercando a la prensa impresa y la están “rescatando” de la quiebra.
Warren Buffett, por ejemplo, se ha enfocado en comprar periódicos locales como el Omaha World-Herald, que circula en la ciudad donde nació.
La incursión de los magnates en el “negocio” de los periódicos se ancla en datos terribles: en un reporte que salió a la luz a principios de agosto, se dio a conocer que las ventas de revistas en puestos en Estados Unidos han caído 10 por ciento por segundo año consecutivo. Los ingresos atribuidos a publicidad en periódicos han caído de manera constante durante los últimos 11 años.
Es imposible negar que la prensa impresa se está derrumbando de manera estrepitosa, puesto que ya no parece ser auto-sustentable como a finales del siglo pasado (aunque el New York Times y The Atlantic van en contra de la tendencia general, y ahora comienzan a generar ganancias a través de sus versiones en línea).
Surge entonces la duda, ¿por qué están haciendo los millonarios inversiones que podrían considerarse “malas” en términos monetarios? Algunas respuestas posibles: altruismo (en el caso de Buffett), influencia en el mercado local (el Boston Globe) y una incógnita (el Washington Post).
Entre las múltiples especulaciones sobre el motivo detrás de la compra del Post, hay dos que han tomado más fuerza. La primera es que Bezos tendría una ruta privilegiada de circulación en la ciudad. Amazon tendría un sistema de entrega inmediata en el corazón de la capital de Estados Unidos con la infraestructura de circulación del Post. La segunda sería cimentar la influencia de Bezos en Washington. No por nada Amazon ha incrementado el dinero que gasta en “lobbying” de forma notable en los últimos años.
Sea cual sea el motivo final, algo que se ha repetido hasta el cansancio –y no por ello deja de ser cierto– es que el internet perturbó de forma casi mortal al periodismo tradicional. Se creó un modelo más horizontal (menos costos en producción, mayor circulación –la red– a menor precio, entre otras cosas), ante el cual los periódicos no han sabido reaccionar. Y mientras las viejas estructuras mediáticas no encuentren la forma de competir con las nuevas (y adaptarse), parece ser que la única solución (positiva o negativa, dependiendo del dueño) será que un magnate venga al “rescate”.
Adenda mexicana: en nuestro país no existen datos confiables sobre circulación, devolución (periódicos y revistas no vendidas) ni publicidad. Por lo tanto es imposible saber –salvo a partir de estimaciones empíricas como cierres de secciones, por ejemplo– cuál es el estado financiero actual de nuestra prensa.

Ver original aquí

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Acerca de juliomoa

Tres décadas dedicado al ejercicio del periodismo.
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